Una de las doctrinas más interesantes de los mormones es aquella que afirma que el propósito divino es que sus hijos no sólo que tengan vida eterna, sino que en esa vida eterna lleguen a ser como Él, es decir, que se conviertan en dioses.

Claro, Dios es uno. Pero "dioses", con d minúscula, se refiere a seres inmortales y perfectos, incluyendo poderes que ahora no tenemos como el poder de crear vida, por ejemplo.

Esta creencia, falsa o no, me parece a primera vista muy atractiva: ¿qué desea un Padre para con su hijo, sino que crezca y se convierta en lo que él es? Ningún padre desea tener a su hijo como un súbito inferior para siempre: un niño eterno. Un padre amoroso quiere crecimiento y madurez.

Los mormones derivan su doctrina de los escritos de José Smith. Sin embargo, algunos pasajes bíblicos parecen sustentar esta doctrina:

  1. El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. (Gen 1:26)
  2. Nos sentaremos en el trono de Cristo de la misma manera que él se sentó en el trono del Padre. "Al vencedor, le concederé sentarse conmigo en Mi trono, como yo también vencí y me senté con Mi Padre en Su trono" (Apocalipsis 3:21). Un trono indica autoridad, realeza, divinidad.
  3. Cristo nos ordena ser perfectos como el Padre (Mateo 5:48). No nos pediría algo que no podemos cumplir. Si esta corta vida no podemos hacerlo, tendríamos siglos y siglos en la eternidad para lograrlo.
  4. Cristo quiere que seamos UNO con él de la misma manera como Él es uno con el Padre: "Como tú, oh Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno yo en ellos y tú en mí, para que sean perfeccionados en unidad" (Juan 17:21-23). Jesús espera una relación entre nosotros y la Deidad similar a la que tiene Jesús con la Deidad.


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