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CARTA A ADVENTISTAS (Tacticas Secretas y Engañosas de los ANTITRINITARIOS)

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  • CARTA A ADVENTISTAS (Tacticas Secretas y Engañosas de los ANTITRINITARIOS)

    Hermosillo, Sonora, 17 de junio de 2011.
    A PASTORES DE DISTRITO, MAESTROS, COLPORTORES,
    OBREROS Y MIEMBROS DE LA IGLESIA ADVENTISTA EN SONORA


    Estimados hermanos:
    Sin lugar a dudas vivimos en los últimos días y somos testigos del cumplimiento de las Escrituras.
    E l motivo de la presente es alertarles en relación a un movimiento que se está desarrollando en algunos lugares. El movimiento antitrinitario tiene gran interés en realizar incursiones en las iglesias adventistas. Ya nuestras iglesias hermanas en Sinaloa han sufrido estragos y algunos han abandonado las filas de la iglesia. Tenemos información de que este fin de semana un buen grupo de personas iniciarán una gira por Sonora para visitar iglesias y diseminar sus creencias.
    Uno de los principales dirigentes de este movimiento lamentablemente es un ex-pastor adventista de nombre Francisco López, que laboraba en Guadalajara, Jalisco, y que a la fecha se le han retirado sus credenciales ministeriales y ha dejado de ser miembro de la iglesia.
    La forma de llegar a la iglesia puede ser sutil o abierta, pero sus objetivos llevan a ganar adeptos para sus creencias y usan algunos aspectos como los siguientes:
    1. Asisten a la iglesia local como visitas interesadas en la verdad
    2. Procuran participación para tener oportunidad de hablar en público
    3. Hacen invitaciones para estudios personales
    4. Reparten material impreso y cd´s fuera de la iglesia
    5. Dejan material en los parabrisas de los carros
    6. Visitan a los miembros en sus hogares
    Considerando el gran daño que hacen a la iglesia, les invitamos a:
    1. Ser cuidadosos y no facilitar el púlpito a extraños o visitantes
    2. No entrar en diálogo, discusiones o confrontaciones
    3. No aceptar visitas, ni por curiosidad (recordemos que Satanás trabaja sutilmente sembrando la duda)
    4. Estudiar diligentemente las Escrituras para estar cimentados firmemente en la verdad
    5. Pedir la dirección del Espíritu Santo al considerar el estudio de las Escrituras
    6. Orar fervientemente, por cuanto vivimos en los días finales
    7. Conocer la doctrina bíblica y compartirla
    8. Tener una vida devocional que fortalezca la espiritualidad personal, familiar y de la iglesia
    Nuestro Señor Jesucristo nos alertó: “mirad que nadie os engañe” (Mateo 24:4).
    Recordemos que La venida del Señor está cercana y nuestra redención está cerca. ¡Dios les bendiga y les mantenga fieles siempre!
    “En la bendita esperanza”
    Administración de la Asociación de Sonora

    (para recibir versión imprimible de la carta que pueda ser distribuida a sus hermanos, escribir a [email protected] solicitando version imprimible de "Tacticas engañosas de Antitrinitarios")

  • #2
    Gracias por la informacion!!!

    Comentario


    • #3
      Realmente muchas gracias por ponernos al tanto, aqui en el sur de mexico aun no se ha escuchado pero hayq ue seguir leyendo la biblia para que nadie nos engañe.
      "TODO LO PUEDO EN CRISTO QUE ME FORTALECE"

      Comentario


      • #4
        Me considero antitrinitario porque he he estudiado a fondo el tema. Desde que ingresé a la iglesia me pareció muy extraño que con toda la verdad que presenta la Iglesia adventista del séptimo día, abrazara una doctrina pagana que popularizó La gran ramera que es la Iglesia Católica, en el catecismo de la Iglesia Catolica dice textual que es un dogma la creencia de la trinidad y en la creencia fundamental sobre la trinidad dice lo mismo, "solo podemos aceptar la trinidad por fe". En 1920 empezó a infiltrarse la iglesia por Jesuitas que como Leroy Froom se posicionaron en lo alto para ganar la confianza de los lideres. Hoy me duele al ver como la Fe de Jesús en la parte posterior trae comentarios de Billy Graham y citas del catecismo romano. Lo único que les pido hermanos estudien la Biblia con oración, como lo hice yo. Seamos fieles a Jesús nuestro Señor y Salvador. Estudien los escritos de los pioneros, estudien cuidadosamente los libros de Ellen White, de A.T Jones, E.J Waggoner, de James White.
        Jesus is the Lord!

        Comentario


        • #5
          REFLEXIONES SOBRE DIOS, SU VERBO Y SOBRE JESUCRISTO

          Por Ron Guadalajara


          Pregunta: Sr. Guadalajara, ¿Es usted adventista?


          Respuesta: Sí, desde hace casi veinte años, aunque prefiero identificarme como cristiano, sin más.


          P: Sr. Guadalajara. ¿Hay un sólo Dios?


          R: Sí. Lo leemos en Deuteronomio 6:4 y también en Marcos 12:29, donde Jesús dice que el primero y más grande mandamiento es: “Oye Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es”.


          P: ¿Y quién es ese Dios para usted, Sr. Guadalajara?


          R: Es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir (Apocalipsis 4:8), el Alfa y la Omega, principio y fin (Apocalipsis 1:8), el que vive por los siglos de los siglos (Apocalipsis 4:9,10), el sólo Soberano Rey de reyes y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible, quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver (1 Timoteo 6: 15,16), el Creador (Apocalipsis 4:11), nuestro Padre (Efesios 1:2), nuestro Señor (Hechos 4:26), nuestro Salvador (1 Timoteo 1:1).


          P: Pero un Dios en tres personas, ¿no es así?


          R: No. Ese concepto es ajeno a la Palabra de Dios. Es una idea que surgió en el siglo IV en oposición al arrianismo, que posteriormente se convirtió en dogma apoyado por un poder supuestamente infalible y que desgraciadamente nuestra iglesia terminó adoptando. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento se nos revela un único y sólo Dios, el Padre, no una unidad compuesta por tres “personas”.


          Versículos como Juan 17:3, o 1 Corintios 8:6, no dejan lugar a dudas de que el Padre es el único Dios.


          P: Pero entonces, lo que usted está diciendo va en contra de nuestra doctrina, ¿no le parece?


          R: Los adventistas hemos ido recuperando verdades como el Santuario, la no inmortalidad del alma, el estado de los muertos, el sábado..., pero en algunos temas tenemos que volver a las fuentes, a reconstruir muros. Uno de ellos es en lo concerniente a la deidad. Como dice la Sra. White en el libro El Otro Poder”, “por mucho tiempo que hayamos sostenido ciertas doctrinas, no quiere decir que estas sean infalibles”.


          La misma hermana White está admitiendo que se puede equivocar, que nos podemos equivocar, por lo que hemos de tener mucho cuidado de no hacer de ella otro sistema infalible como el que criticamos en otras denominaciones. Sólo Dios es infalible, por lo que toda doctrina se tendrá que refrendar con la sola escritura.



          P: ¿Quiere esto decir que usted y otros hermanos van a abandonar la iglesia?


          R: No. No hace falta salirse de la iglesia, sino reformar ciertas doctrinas desde su seno con la ayuda de Dios.


          P: Entonces, Sr. Guadalajara, si el único Dios es el Padre, ¿Quién es para usted Jesucristo?


          R: Jesucristo es un hombre (1 Corintios 15:21). Es el hombre celeste (1 Corintios 15:47) que cuando llegó el cumplimiento del tiempo, fue enviado por Dios , nacido de mujer y nacido bajo la ley (Gálatas 4:4).


          P: ¿Y cómo interpreta usted que Jesucristo es el hombre celeste?


          R: El primer hombre, Adán, es terrenal, pero el segundo hombre, Jesucristo, es del cielo, ya que fue preconcebido, preconocido y preexistido en la mente eterna de Dios en los lugares celestiales antes de la fundación del mundo (1 Pedro 1:19,20 ; Efesios 1:1-3), con el fin de reunir todas las cosas en él (Efesios 1:8-10).


          Jesucristo es la piedra rechazada por los hombres pero escogida y preciosa para Dios (1 Pedro 2:4).


          Jesucristo es el hombre en el cual Dios ha querido que habite corporalmente toda la plenitud (Colosenses 1:19; Colosenses 2:9). Y es de esa plenitud, de esa gracia y verdad, de la que tomamos todos (Juan 1:16,17).


          En su presciencia, es decir, en su preconocimiento, Dios, el Padre, el único Dios, ve la Creación, la Rebelión, la Caída y la Salvación. Es en esa misma presciencia que Dios ve al futuro hombre Jesucristo como el único capaz de llevar a cabo su plan de salvación y el único que cumple el modelo requerido por él para llevarlo a cabo. (Efesios 1:1-3; Efesios 3:11; Efesios 5:8; 2ª Timoteo 1:8-9; 2ª Corintios 5:18,19; 1ª Pedro 1:19, 20).


          P: ¿Y por qué Dios escoge a un hombre como nuestro Salvador?


          R: Porque el escogido no tenía que socorrer a los ángeles, sino que tenía que socorrer a la descendencia de Abraham, a la humanidad, por lo que debía ser en todo semejante a sus hermanos (Hebreos 2:14-17).


          El Todopoderoso (Apocalipsis 1:8), el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible, que ninguno de los hombres ha visto ni puede ver (1 Timoteo 6:16), quiere salvarnos; y lo hace por medio de Jesucristo, de un hombre, porque eso es lo que es Jesucristo, un hombre (1 Corintios 15:21); un hombre al cual Dios le da su espíritu, poder y toda autoridad para llevar a cabo la obra del plan de salvación (Mateo 28:18).


          Así pues, no nos salva un “Dios hecho hombre”, sino un ser humano que aceptó el plan de Dios, que se sometió a la voluntad divina, que se humilló asimismo de hombre a siervo, y estando en esta condición de siervo aceptó la muerte, una muerte ignominiosa, la muerte de cruz.


          Y es en Jesucristo donde fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades, todo fue creado en él, por él y para él. (Colosenses 1:16).


          La traducción “por medio de él”, que algunas versiones hacen de este versículo de Colosenses, es decir, “por medio de Jesucristo”, no es correcta.


          ¿Por qué?


          El especialista en exégesis del griego del Nuevo Testamento de la universidad de Genève, Norbert Hugedé, en su libro “L’ Épitre aux Colossiens”, pág. 60, comenta que la expresión “por él”, (”δι“(di) + genitivo), de Colosenses 1:16, ha de entenderse como “en función de él”, "por causa de él", "teniendo en cuenta a él", y no por (δι“(di) + acusativo), “por medio de él”.


          Y efectivamente así es. Cuando se refiere a la creación, la preposición griega ”δι“(di) + genitivo, nunca se traduce “por medio de”, sino “por”, siendo su significado “por causa de”, “teniendo en cuenta a ”, o “en función de”. Es decir, todo lo que el Padre ha creado, lo ha hecho en Jesucristo, por causa de Jesucristo, teniendo en cuenta a Jesucristo y para Jesucristo, pero no por medio de Jesucristo.


          Jesucristo, aunque en el momento de la creación, todavía no ha venido a la existencia, Dios, el Padre, el único Dios, el único Creador, ya lo preconoce y preexiste en su mente eterna (1 Pedro 1: 19,20), (Efesios 3:11); (2 Timoteo 1:8,9); (Efesios 1:8-10).


          Dios, el Padre, es el único Creador:


          Apocalipsis 4:11:

          “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas”.


          Así pues, todo lo que Dios ha hecho, lo ha hecho en función, por causa y teniendo en cuenta a Jesucristo, o dicho de otra forma, si Dios en su presciencia, no lo hubiese preconocido como el único que en el futuro iba a aceptar su plan de salvación y el único que iba a ser capaz de llevarlo a cabo, Dios no hubiese creado nada y por consiguiente, ni usted ni yo estaríamos ahora aquí.


          Desde antes de la Creación, aunque Jesucristo todavía no ha venido a la existencia, para Dios, sin embargo, ya es antes de todas las cosas (Juan 8:58; Colosenses 1:17), queriendo que tenga la preeminencia en todo y que todas las cosas subsistan en él (Colosenses 1:17-18).


          P: ¿Está diciendo que Jesucristo no existía antes de su nacimiento?.


          R: Así es; antes de nacer de María por el poder de Dios en el Espíritu Santo, Jesucristo no existía; El Hijo de Dios es eterno porque existía en la mente eterna del Padre. No es que hubiera un Dios Hijo, o un Hijo eterno esencial de Dios, que eso no lo pone por ninguna parte y es algo totalmente ajeno a la Biblia, sino que al santo ser que nace de María, Dios lo declara su Hijo, cosa muy diferente. El Hijo de Dios, el Hijo del Hombre, el Unigénito, el Único, todo se refiere al hombre, al ser humano Jesucristo.


          Es en ese preconocerle y preexistirle que Dios se goza en él porque ve que es el único que va a aceptar el plan de salvación y el único que lo va a poder llevar a cabo. Es entonces cuando se produce una gloria, y es esa gloria la que posteriormente le reclama Jesucristo una vez que éste viene a la existencia.


          Juan 17:5

          “Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”.


          P: Pero si Jesucristo, o el Hijo de Dios, no existía antes de nacer de María, ¿Cómo explica entonces que en el principio el Verbo existía con Dios?


          R: Usted, en su pregunta, está dando por hecho de que el Verbo tiene personalidad o es una persona.


          P: ¿Y no es así?


          R: No. El Verbo no es una persona ni tiene personalidad. El Verbo es la Palabra de Dios. El Verbo no es Dios, el Verbo es de Dios, al igual que su presencia divina, su rostro, su espíritu, su gloria, sus manos, su aliento, su shekinah, su poder. Podría decirse que todos estos términos son “morfes”, “aspectos” de Dios, pero no Dios. El Verbo o Palabra es eterno porque Dios es eterno. El Verbo es una cualidad, una particularidad, una singularidad, una naturaleza, una marca, un atributo inherente a Dios.


          En el Antiguo Testamento, en hebreo, es el dabar de Dios, y en el Nuevo Testamento, en griego, se traduce como el rhema o el logos de Dios. En ningún caso, a este dabar, rhema o logos, los textos le dan un carácter de personalidad.


          Pablo, en Hebreos 4:12, nos dice que el Logos, es decir, el Verbo, la Palabra de Dios, es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.


          Y en Isaías 55:11, leemos que el dabar, es decir, la Palabra que sale de la boca de Dios, no volverá a él vacía, sino que hará lo que él quiera.


          P: O sea, que para usted, el Verbo no es el Hijo de Dios.


          R: EL VERBO NO ES EL HIJO DE DIOS. ¿De dónde nos hemos sacado tal cosa?. ¿Dónde lo pone?. ¿Me puede presentar un texto donde lo diga?. No hay ningún texto en la Biblia, ni uno solo, donde diga que el Verbo es Jesucristo o el Hijo de Dios. Como ya he dicho anteriormente, el Verbo, ni es persona ni tiene personalidad. El Verbo es un atributo de Dios. Que el Verbo es el Hijo de Dios es una conclusión errónea a la que hemos llegado influenciados por esa idea trinitaria surgida en el siglo IV que además de no ser bíblica, como ya he dicho anteriormente, es irracional y absurda. ¿Cree usted que todo lo que hemos leído anteriormente de Pablo e Isaías respecto a la Palabra, al Verbo, al dabar o al logos de Dios se le puede aplicar a Jesucristo?.


          P: Entonces Sr. Guadalajara, ¿Cómo interpreta usted Juan 1:1?


          R: Juan 1:1, nos habla de que en el principio era Dios y su Verbo (Palabra), y que ese Verbo era divinidad. Punto. No hay nada más.


          εν (En) αρχη (principio) ην (era) ο (el) λογος (Logos/Verbo/Palabra) και (y) ο (el) λογος (Logos/Verbo/Palabra) ην (era) προς (con) τον (el) θεον (Dios) και (y) θεος (Dios) ην (era) ο (el) λογος (Logos/Verbo/Palabra)


          “En el principio era el Verbo y el Verbo estaba con el Dios y divinidad era el Verbo”


          ¿Por qué ha de traducirse de esta manera?


          Reconocidos gramáticos como James Moffatt, Hugh J. Schonfield, Philip B. Harner, Edgar Goodspeed, Murray J. Harris, Daniel B. Wallace, H. E. Dana, Julius R. Mantey y otros, están de acuerdo que este versículo se traduce de esta manera porque el primer Dios que aparece en el texto de Juan 1 lleva artículo; el Verbo estaba con “el Dios”, y el segundo Dios que aparece en el texto no lleva artículo; “y Dios era el Verbo”; por eso, al no llevar artículo el segundo Dios, unido a que el predicado nominal antecede a la forma verbal; “y Dios era el Verbo”, la gramática griega no lo traduce ni como que el Verbo era Dios ni como que el Verbo era un Dios, sino como una cualidad, una naturaleza del Verbo, es decir, que el Verbo era divinidad o divino.


          Todos estos traductores reconocen que el término griego es cualitativo y se refiere a la naturaleza de la Palabra, por lo que traducen la frase: "la Palabra era divina".


          El versículo en cuestión se está refiriendo única y exclusivamente a Dios y a su Palabra, es decir, a una sola “persona”, y no a dos “personas”.


          Le pongo un ejemplo, que aunque no es exactamente lo mismo, vale para que se comprenda lo que quiero decir: Usted y su palabra no son dos personas, sino una sola. ¿Me explico?. Su palabra es de usted, forma parte de usted, pero nadie dice que usted y su palabra son dos personas. ¿Por qué entonces hacemos decir a Juan lo que no dice, que Dios y el Verbo son dos personas?


          Lo que nunca se debe hacer es ir a un texto con unas ideas preconcebidas de antemano e interpretar el texto ajustándolo a esas ideas. Esto es lo que ha pasado durante cientos de años con este famoso versículo de Juan.


          Cuando leemos un texto tenemos que ceñirnos a lo que dice el texto, sin que ningún tipo de interferencias ni ideas preconcebidas influyan en la comprensión o interpretación del mismo.


          Como ya he dicho antes, Juan le está dando al Verbo, a la Palabra, un carácter de naturaleza, no de identidad. Asi como la palabra de un humano es humana, el Verbo o Palabra es divino porque es un atributo de Dios, y es eterno porque Dios es eterno.


          Juan no se está inventando nada ni va más allá de lo que dicen los textos (1 Corintios 4:6), ¿Por qué Juan se iba a inventar que Jesucristo es el Verbo?.


          Juan, como no podía ser de otra manera, se está remitiendo a la teología del Antiguo Testamento, únicas escrituras que había por aquel entonces y donde en ninguno de los textos se le da a la Palabra, al Logos, o al Dabar de Dios, carácter de persona o de personalidad. Tampoco en el Nuevo Testamento encontramos versículos donde a la Palabra se le de carácter de personalidad.


          Juan, cuando escribe su libro, no tiene ni idea de esa doctrina trinitaria ajena a la biblia que surgiría en el siglo IV y que posteriormente se convertiría en dogma apoyado por un poder supuestamente infalible.


          P: Creo que le voy entendiendo. Y lo de que el Verbo se hizo carne, ¿Cómo lo interpreta usted?


          R: Una vez que Juan nos ha hablado de Dios y de su Verbo en los versículos 1 y 2, este Verbo no vuelve a mencionarse hasta el versículo 14.


          Si prestamos atención y continuamos estudiando los versículos que siguen, nos daremos cuenta que desde el versículo 3 hasta el 13 se están refiriendo a Dios, es decir, al Padre, y no al Verbo como erróneamente mucha gente cree.


          ¿Por qué?


          Porque el precedente último con el que acaba el versículo de Juan 1:2 es “el Dios”


          Juan 1:2

          “Este era en el principio con el Dios”.


          Por consiguiente, todos los versículos que siguen tienen como precedente a “el Dios”, y se están refiriendo al Padre.


          Veámoslo:


          Dios es el Creador (Apocalipsis 4:11).


          En Dios estaba la vida (1Juan 1:2).


          Dios es luz (1 Juan 1:5)


          Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. Dios es esa luz verdadera que venía a este mundo, ¿y cómo?, mediante su siervo el Mesías, que le representa, al cual, Dios, le ha puesto por luz de las naciones (Isaias 42:6).


          Dios siempre ha estado en el mundo ayudando a la gente; es el mundo que él ha hecho (Hechos 4:24), y a todos los que creen en su nombre, a todos los que aman su carácter, su forma de pensar y de ser, que viven conforme a su Palabra, a todos los que hacen su voluntad, Dios les ha dado potestad de ser hijos suyos.


          Y ahora llegamos al versículo 14:


          Es en este versículo cuando entra en escena Jesucristo.


          Algunas traducciones comienzan el versículo diciendo: “Y aquel Verbo....”


          ¿Por qué?


          Pues para que nos demos cuenta que los anteriores versículos no nos están hablando del Verbo, sino del Padre, remitiéndonos al Verbo del versículo 1. Sin embargo, en los originales no pone eso, sino que el versículo empieza por “Y el Verbo…”


          Juan 1:14 “Y el Verbo habitó carne”.


          ¿En qué carne?


          En la del ser humano Jesucristo nacido de María por el poder de Dios en el Espíritu Santo.


          ¿Y por qué ha de traducirse de esta manera y no como vulgarmente se hace?


          Veámoslo:


          En el original de este versículo en griego, aparece por un lado el vocablo “egeneto”, el cual tiene multitud de acepciones y significados, y por otro la palabra “sarx” que significa carne. Según los eruditos, este versículo 14 es uno de los más difíciles de interpretar de toda la Biblia.


          και ο λογος σαρξ εγενετο


          Y el Logos sarx egeneto


          La cuestión es: ¿Qué quiso decir Juan en este principio del versículo 14?. ¿Qué significado daba al vocablo “egeneto”?. Ya he dicho anteriormente que este vocablo “egeneto” tiene multitud de acepciones y significados, por lo que atendiendo al contexto en el que aparece este vocablo, unido en paralelo a otros versículos del Nuevo Testamento, nos ayudará a elegir la mejor traducción.


          Tradicionalmente, este versículo 14, con el fin de estar en consonancia con la formulación trinitaria y para dar más énfasis a una supuesta encarnación que no es tal, se ha traducido como que “el Verbo se hizo carne “; pero esto no es lo que dice el texto, porque si lo traducimos de esta manera nos encontraríamos con las siguientes incongruencias:


          Primero:

          Sí el Verbo se hace carne, Dios se queda sin su Verbo, es decir, que dejamos a Dios sin su Palabra, ya que ésta se habría transformado en carne. Esto no puede ser porque Dios sigue teniendo su Palabra.


          Segundo:

          ¿Cómo es posible que algo como el Verbo o Palabra, que ni siendo persona ni teniendo personalidad, pueda llegar a transformarse en carne?. Esto también es absurdo.


          Sin embargo, si el comienzo del versículo lo traducimos como que “el Verbo habitó carne”, ya que el vocablo “egeneto” también puede significar habitar, sería la traducción correcta, o por lo menos la que más se acercaría a lo que Juan quiso decir.


          P: O sea, que esa Palabra o Verbo, que ni es persona, ni tiene personalidad, no se hace carne, sino que llega a estar en carne. ¿No es así?


          R: Así es. Esa sería otra forma de entender el versículo.


          EL CONCEPTO QUE QUIERO TRANSMITIR ES QUE, YA DESDE LA ETERNIDAD, DIOS, EN SU MENTE ETERNA, ASOCIA SU VERBO, CON EL FUTURO HOMBRE JESUCRISTO QUE HA DE NACER DE LA VIRGEN MARÍA, SEÑALÁNDOLO UNA VEZ QUE ÉSTE VIENE A LA EXISTENCIA. (Juan 6:27).


          ¿Y cómo lo señala?


          Pues con su Verbo


          ¿Y de qué manera?


          No lo sabemos. Lo cierto es que aunque Dios incorpora su Verbo en Jesucristo en el momento de su nacimiento (Juan 1:14), no por eso Dios deja de tener la plenitud de su Verbo, es decir, que no se desprende de él ni total ni parcialmente, gestionando este Verbo mediante una relación permanente con Jesús.


          Esto estaría en consonancia con pasajes como Colosenses 1:19 donde leemos que al Padre agradó que en Cristo habitara corporalmente toda la plenitud. Es por este motivo, que presentar a Jesucristo como con naturaleza divina no sería incorrecto, aunque esa plenitud no interfiere en nada en su persona, en su condición humana. La traducción “el Verbo habitó carne”, también estaría en consonancia con Filipenses 2:6, donde leemos que Jesucristo, existente en unión con “morfe” de Dios, no quiso ser igual Dios.


          ¿Se da cuenta?


          Juan 1:14,
          Colosenses 1:19
          Filipenses 2:6


          están relacionados, tratan el mismo tema con diferentes palabras.


          En Juan 1:14, el Verbo habitó carne.

          En Colosenses 1:19, al Padre agradó que en Cristo habitara corporalmente toda la plenitud.

          Y en Filipenses 2:6 leemos que Jesucristo existe en unión con morfe de Dios.


          Así pues, el “verbo”, “la plenitud” y la “morfe” de Dios, es lo mismo.


          Aprovecho la ocasión para explicar el anteriormente mencionado versículo de Filipenses 2:6, ya que muchos hermanos lo presentan para demostrar, erróneamente, que Jesucristo es Dios. El versículo no dice que Jesucristo, siendo Dios o igual a Dios, no quiso continuar estando en la condición de Dios. Eso no dice el texto. Lo que el texto nos está diciendo, es que Jesucristo, siendo sólo hombre, aunque existente en unión con morfe (forma) de Dios, o lo que es lo mismo, en unión con el Verbo de Dios, aunque este Verbo no interfiere en nada en su humanidad, no quiso ser igual a Dios, como así sucedió con Adán, sino que se humilló así mismo. Así pues, la humillación no consiste en rebajarse de Dios a hombre, que eso no dice el texto, sino más bien de hombre a esclavo o siervo. Ésta es la verdadera humillación.


          P: Pero Jesucristo es el Señor, ¿no?


          R: Jesucristo es Señor porque Dios, que es el Soberano Señor (Hechos 4:24), le ha hecho Señor y Cristo (Hechos 2:36), Jesucristo es la luz porque Dios, que es luz (1 Juan 1:5), le ha puesto por luz de las naciones (Isaías 42:6), Jesucristo perdonaba pecados porque Dios le dio toda potestad para poder hacerlo (Mateo 28:18) y Jesucristo tiene vida en sí mismo porque como Dios, nuestro Padre, tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo (Juan 5:26).


          ¿Y cómo le ha dado esa vida?


          Pues como ya he explicado anteriormente, por medio del Verbo, de la Palabra que Dios incorpora en Jesucristo en el momento de su nacimiento (Juan 1:14). Esa Palabra, que estaba con el Padre, el Verbo de Dios, es vida eterna (1 Juan 1:2). Y nosotros, también podemos llegar a tener vida eterna si aceptamos esa Palabra.


          Dios le ha dado prácticamente todo a Jesucristo; su espíritu, su poder, sabiduría y conocimiento. Y digo prácticamente todo porque hay cosas que aun el Hijo no sabe (Marcos 13:32).


          Jesucristo no es un profeta más; Jesucristo es el Mesías, es el Salvador levantado por Dios (Hechos 5:31). Jesucristo da a conocer, revela y representa al Padre, que con su poder, el del Padre, lleva a cabo la obra para nuestra salvación.


          Jesucristo, como he dicho anteriormente, da a conocer, revela y representa al Padre. Es por eso que cuando Jesús nos habla está dando testimonio de que la presencia divina, la gloria, el poder y la Palabra de Dios está en él. Esta Palabra es vida eterna (1 Juan:1:2), y si la aceptamos, si la incorporamos en nuestros corazones, esa vida eterna la podemos experimentar ya, aquí y ahora.


          P: Pero entonces, ¿Tenemos dos Salvadores?


          R: Efectivamente, así es. Apocalipsis 7:10 nos dice que los dos son nuestros Salvadores. Uno, Dios, la parte divina, es el originador del plan de salvación, el que lleva la iniciativa, el otro, la parte humana, es el hombre Jesucristo, el que acepta el plan y lo lleva a cabo con el poder de Dios. Por eso, una vez que Jesucristo culminó su obra de redención padeciendo y muriendo por nuestros pecados, Dios, el Padre, el único Dios, lo corona de gloria y de honra, exaltándole hasta lo sumo sobre todo y sobre todos, incluido los ángeles, y haciendo que toda rodilla se doble ante él (Filipenses 2:10).


          Esto es algo extraordinario, grandioso, un hombre, un ser humano exaltado por Dios de esta manera por toda su obra que ha realizado en favor nuestro. ¡Maravilloso!.


          P: Pero entonces, señor Guadalajara, si Jesucristo es un ser humano ¿Por qué se le adora como así leemos en diferentes pasajes de la Biblia?


          R: Vamos a ver si aclaramos este tema porque hay que tener mucho cuidado de no caer en idolatría.


          Sólo se debe de adorar al Padre, al Creador, al único Dios. A nadie más. (Juan 17:3; 1 Corintios 8:6; Apocalipsis 4:11).


          El mismo Jesús deja claro en Mateo 4:10, que al único que se debe de adorar es a Dios, al Padre.


          En Juan 4:23-24 leemos: “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”.


          Así pues, como ya he dicho anteriormente, deberíamos tener mucho cuidado en no caer en idolatría, y asimismo, tendríamos que revisar determinados himnos de nuestra Iglesia que dirigimos a Jesucristo, cuando únicamente corresponderían al Padre.


          No hay ningún texto en la Biblia donde se adore a Jesucristo. Hay muchos versículos donde aparece el término “proskineo” que erróneamente se traduce por “adoración” cuando en realidad no quieren decir eso los textos.


          Por ejemplo, en Mateo 2:11, Hebreos 1:6 o Mateo 28:9, refiriéndose todos ellos a Jesús, aparece el término “proskineo”, traduciéndose en la mayoría de las versiones por adoración. Esto no es correcto.


          El significado de proskineo es postración, reverencia en señal de reconocimiento. Se le puede hacer proskineo a un rey, como por ejemplo al rey David, a un hombre por la labor que ha hecho en beneficio de la humanidad, a una eminencia médica, etc…


          Este proskineo se engrandece y se le da mayor solemnidad cuando se lo hacemos a Jesús, pero no por ésto le estamos adorando. Recordemos que Jesús es un hombre, un ser humano.


          Lo que pasa es que cuando este proskineo se le hace al Padre, es decir, a Dios, entonces sí que se considera adoración.


          Sin embargo, en ciertos lugares de la Biblia, aparece una palabra que por sí misma significa culto de adoración; esta palabra es “Latría”. Esta “Latría” la encontramos en varios versículos, como por ejemplo en Mateo 4:10, o en Apocalipsis 7:15. Pues bien, todos los versículos donde aparece la palabra latría se refieren siempre a Dios, es decir, al Padre, nunca a Jesucristo, y por supuesto a ningún hombre.


          Desgraciadamente, muchas versiones traducen esta latría, como en los casos anteriormente citados de Mateo 4:10, o en Apocalipsis 7:15, por “servir”. ¿Cómo se puede traducir de esta manera?. Lamentable.


          P: Muy bien, Sr. Guadalajara. Para acabar, me gustaría hacerle una última pregunta: Si usted afirma que el único Dios es el Padre y que Jesucristo es el hombre al que Dios ha escogido para nuestra salvación, ¿Quién es el Espíritu Santo?.


          R: La hermana White, refiriéndose a este tema, decía que el silencio es oro.


          Independientemente de qué o quien es el Espíritu Santo, lo que hemos de tener claro es que solo hay un Dios, y que este término “Dios”, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, se aplica en exclusividad al Padre, a nadie más.


          Así pues, teniendo esto presente, que fuera del Padre no hay otro Dios, intentaré explicar desde mi punto de vista y de una manera muy resumida, qué o quién es el Espíritu Santo.


          En un primer momento podríamos hablar del “Espíritu de Dios”, como atributo, como morfe, como aspecto de Dios. Al igual que su verbo, su presencia divina, su rostro, su gloria, sus manos, su aliento, su shekinah, su poder, este espíritu no tiene personalidad pero sí el poder de Dios.


          Ejemplos de este espíritu de Dios lo encontramos en:


          Génesis 1:1,2 1

          En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2 Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el “Espíritu de Dios” se movía sobre la faz de las aguas.


          Mateo 3:16

          Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él.


          Fíjese que aquí no aparecen tres "personas" como afirman los trinitarios. Los únicos personajes que nos presenta el versículo son el Padre y Jesucristo. La paloma que desciende sobre Jesús simboliza el espíritu y el poder del Padre. Es, con este ungimiento, que se inicia la obra mesiánica de Jesucristo, el Hijo de Dios.


          En un segundo lugar podríamos hablar del Espíritu Santo refiriéndose a Dios mismo, es decir, al Padre, ya que Dios es Espíritu y es Santo.


          Ejemplos de este Espíritu Santo lo encontramos en:

          Hechos 5:3,4

          Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? 4 Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.


          Mateo 12:32

          “A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el “Espíritu Santo”, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero”.


          En un tercer lugar tendríamos un tipo de espíritu como el que surge cuando seguimos o imitamos a alguien. Un espíritu que aunque la persona ya no está entre nosotros físicamente nos queda su legado.

          Por ejemplo, tener el espíritu de Cristo sería seguir su ejemplo de humildad, de mansedumbre, de justicia, de perdón, de obediencia al Padre, etc…


          Y por último tendríamos al Espíritu Santo como los siete espíritus de Dios. En este último caso se trataría del espíritu de Dios como morfe o aspecto de Dios pero trabajando en un ángel. El espíritu y el poder de Dios estarían en un ángel o en ángeles enviados por toda la tierra (Apocalipsis 5:6).


          Mientras estuvo en el mundo, Jesús sanó con el espíritu y el poder de Dios (Hechos 10:38), es decir, Jesús no hacía los milagros con su propio poder sino con el espíritu y el poder del Padre, por eso, al ascender, Jesús nos envió el Consolador. Este Consolador, este Espíritu de verdad, procede del Padre y es el que da testimonio de Jesús (Juan 15:26 ; Juan 15:26 ; Juan 16:7).


          Así pues, no hay que confundir los diferentes tipos de espíritus, como por ejemplo decir que el Espíritu de Dios del Antiguo Testamento, por ejemplo Génesis 1:1,2 es el mismo Espíritu Santo que Jesús prometió a los apóstoles cuando ascendió al cielo, ya que este Espíritu Santo estaba en el futuro y todavía no había sido enviado.


          Asimismo, es interesante observar que el Espíritu Santo como los siete espíritus de Dios ya no aparece ni en el capítulo 21 ni en el 22 de Apocalipsis. ¿Será porque en la Tierra Nueva ya no habrá necesidad de convencer a nadie de pecado porque éste ya no existirá y entonces ese Espíritu, que no es Dios, sino que es de Dios, vuelve al Padre?.


          Que Dios te bendiga.

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