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¡¡¡Conozcamos el Manual de Iglesia!!!

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  • ¡¡¡Conozcamos el Manual de Iglesia!!!

    CAPÍTULO 1

    ¿Por qué tener un Manual de la iglesia?

    ¿Por qué la Iglesia Adventista del Séptimo Día tiene un Manual de la iglesia? Dios es un Dios de orden, tal como se evidencia en sus obras de creación y redención. Por lo tanto, el orden pertenece a la esencia de su iglesia. El orden se alcanza por medio de principios y normas que guían a la Iglesia en sus operaciones internas y en el cumplimiento de su misión al mundo. Para que sea una organización eclesiástica exitosa al servicio del Señor y de la humanidad, necesita orden, reglamentos y disciplina. Las Escrituras afirman: “Hágase todo decentemente y con orden” (1 Cor. 14:40).

    Elena de White señaló esta necesidad en 1875: “La iglesia de Cristo está en constante peligro. Satanás está procurando destruir al pueblo de Dios, y la mente de un hombre, el juicio de un hombre, no es suficiente como algo en que confiar. Cristo quiere que sus seguidores se mantengan unidos en la iglesia, observando orden, teniendo reglas y disciplina, y que todos se sujeten unos a otros, estimando a los demás mejores que sí mismos” (Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 489).

    Pero los líderes no crearon rápidamente un libro de reglamentos para el gobierno de la Iglesia, aun cuando durante los primeros años de la Iglesia se celebraba anualmente el Congreso de la Asociación General, y los delegados votaban acuerdos referentes al orden y la vida de la iglesia. Finalmente, el Congreso de la Asociación General de 1882 votó la preparación de “instrucciones para los dirigentes de la iglesia, que debían ser impresas en la Review and Herald o en forma de folleto” (Review and Herald, 26 de diciembre de 1882). Este acuerdo revela la creciente comprensión de que el orden en la iglesia era imperativo, si se quería que la organización eclesiástica funcionara con eficiencia, y de que la uniformidad en tal orden exigía que sus principios orientadores se pusieran en forma impresa.

    Sin embargo, en el Congreso de la Asociación General de 1883, cuando se propuso que esos artículos se publicaran en forma permanente como un manual de la iglesia, los delegados rechazaron la idea. Los hermanos temían que eso haría caer a la iglesia en la formalidad y coartaría la libertad de sus ministros para tratar los asuntos de orden eclesiástico como desearan en forma individual. Pero este temor, que indudablemente reflejaba la oposición que había surgido veinte años antes contra cualquier tipo de organización eclesiástica, evidentemente desapareció muy pronto. Los congresos anuales de la Asociación General continuaron tomando votos sobre asuntos de procedimientos eclesiásticos.

    Aunque la Iglesia se había negado oficialmente a adoptar un manual, los líderes, de vez en cuando, reunían en un libro, o en forma de folleto, las normas aceptadas por la mayoría para la vida de la iglesia. Quizás el más notable de esos esfuerzos haya sido un libro de 184 páginas publicado en 1907 por el pionero J. N. Loughborough, titulado La iglesia, su organización, orden y disciplina, que abordaba muchos de los temas que hoy están contenidos en el Manual de la iglesia.

    A medida que la iglesia crecía rápidamente en el mundo entero a comienzos del siglo XX, se fue incrementando la necesidad de un manual de uso mundial para los pastores y los laicos. En 1931, la Junta Directiva de la Asociación General acordó publicar un Manual de la iglesia. J. L. McElhany, que posteriormente fue presidente de la Asociación General, preparó el manuscrito, que fue publicado en 1932.

    La frase inicial del prefacio de esa primera edición hacía notar que “se hace cada vez más evidente la necesidad de un manual sobre el gobierno de la iglesia, para establecer y preservar nuestras normas y prácticas denominacionales”.

    Nótese la expresión preservar. No hay un intento de crear e imponer repentinamente un modelo completo de gobierno eclesiástico. Se trata, más bien, de un esfuerzo realizado para, primero, preservar todos los buenos acuerdos adoptados a través de los años y, luego, añadir otros reglamentos que nuestros crecientes progreso y complejidad llegaran a exigir.


    http://www.adrive.com/public/qHazZt/...20-%202010.pdf
    Editado por última vez por JCabreraM; https://www.foroadventista.org/member/3386-jcabreram en , 12:33:24.
    El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende ( Sal. 34:7)

  • #2
    Autoridad y función del Manual de la iglesia

    El Manual de la iglesia ha existido en su actual formato desde 1932. Describe la operación y las funciones de las iglesias locales, y su relación con las estructuras denominacionales en las que tienen su membresía. El Manual de la iglesia también expresa la comprensión que la Iglesia Adventista del Séptimo Día tiene de la vida cristiana, del gobierno de la iglesia y de la disciplina, basada en principios bíblicos y en la autoridad de los congresos de la Asociación General debidamente constituidos. “Dios ordenó que tengan autoridad los representantes de su iglesia de todas partes de la tierra, cuando están reunidos en el
    Congreso de la Asociación General” (Joyas de los testimonios, t. 3, pp. 408, 409).

    El Manual de la iglesia está dividido en dos tipos de materiales. El contenido de cada capítulo es de valor mundial y se aplica a toda organización, congregación y miembro de la iglesia. Pero, reconociendo la necesidad de variaciones en algunas secciones, material adicional de naturaleza explicativa, presentado a manera de orientación y ejemplos, aparece como “Notas” al final del Manual de la iglesia. Esas “Notas” tienen subtítulos que corresponden a los subtítulos de los capítulos y al número de la página del texto principal.

    Las normas y las prácticas de la Iglesia están basadas en los principios de las Santas Escrituras. Estos principios, enfatizados por el Espíritu de Profecía, son expuestos en este Manual de la iglesia. Deben ser seguidos en todos los asuntos concernientes a la administración y el funcionamiento de las iglesias locales. El Manual de la iglesia también define la relación que existe entre la congregación local y la Asociación u otras entidades de la organización denominacional adventista del séptimo día. No se debería hacer ningún intento de establecer criterios de membresía, ni de instituir –ni hacer cumplir– normas ni reglamentos para el funcionamiento de la iglesia local que sean contrarios a estas decisiones adoptadas por la Asociación General en Congreso, y que están expuestas en este Manual de la iglesia.
    El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende ( Sal. 34:7)

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    • #3
      Cómo hacer cambios

      La Asociación General, a lo largo de los años, fue votando importantes cambios en relación con el Manual de la iglesia. Al comprender cuán importante es que en nuestra obra mundial todo se haga “decentemente y con orden”, el Congreso de la Asociación General de 1946 adoptó el siguiente procedimiento: “Todos los cambios o las revisiones de los reglamentos que deban hacerse en el Manual deberán ser autorizados por un congreso de la Asociación General” (General Conference Report [Informe de la Asociación General], Nº 8, p. 197, 14 de junio de 1946).

      En 1948, en vista de que las condiciones locales en diferentes regiones del mundo exigen a veces disposiciones especiales, el Concilio Otoñal votó “que cada División del Campo mundial, incluso la División Norteamericana, prepare un ‘Suplemento’ para este nuevo Manual de la iglesia, no para modificarlo, sino para complementarlo con el material adicional que sea aplicable a las condiciones y las circunstancias que prevalezcan en la División; los manuscritos de estos suplementos deberán someterse a la consideración de la Junta Directiva de la Asociación General para ser refrendados por ella antes de ser impresos” (Autumn Council Actions [Resoluciones del Concilio Otoñal], 1948, p. 19).

      El Congreso de la Asociación General del año 2000 autorizó la reclasificación de algunos de los materiales existentes en el Manual de la iglesia, en la sección de “Notas”, como orientación y ejemplos, más que como material obligatorio, y aprobó el procedimiento para hacerle modificaciones. Los cambios o las revisiones del Manual de la iglesia, exceptuadas las Notas y los cambios editoriales, solo pueden ser hechos por voto de un Congreso de la Asociación General en el que estén reunidos los delegados del cuerpo mundial de creyentes, y tengan voz y voto en las revisiones que deben ser hechas. Si una iglesia local, una Asociación o una Asociación/Misión desea proponer una revisión en el Manual de la iglesia, debe someter estas revisiones al siguiente nivel constituyente, para consideración y estudio más amplios. Si ese nivel aprueba la propuesta, debe someter la revisión sugerida al próximo nivel para una evaluación adicional. Si los diferentes niveles aprueban la propuesta, finalmente será enviada a la Comisión del Manual de la iglesia de la Asociación General, que considerará todas las recomendaciones. Si la Comisión del Manual de la iglesia aprueba una revisión, la preparará para presentarla en un Concilio Anual y/o en el Congreso de la Asociación General.

      La revisión de una Nota sigue el mismo procedimiento. La Junta Directiva de la Asociación General puede aprobar cambios a las Notas en cualquier Concilio Anual.

      La Comisión del Manual de la iglesia informa la propuesta de cambios editoriales, que no sean sustanciales, al contenido principal del Manual de la iglesia en un Concilio Otoñal de la Junta Directiva de la Asociación General, que puede votar su aprobación final. Sin embargo, si en el Concilio Otoñal se determina, por un tercio de los votos, que un cambio editorial altera sustancialmente el significado de un pasaje, el cambio propuesto debe ir al Congreso de la Asociación General.

      En el último Concilio Otoñal de un quinquenio, la Junta Directiva de la Asociación General revisa todos los cambios a las Notas y coordina los cambios con cualquier otra enmienda propuesta al contenido principal del Manual de la iglesia.

      Se publica una nueva edición del Manual de la iglesia después de cada Congreso de la Asociación General. Siempre se debería utilizar la edición más reciente. La presente edición incorpora las enmiendas realizadas en el Congreso de la Asociación General de 2010.
      El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende ( Sal. 34:7)

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      • #4
        Dónde pedir consejo
        Los oficiales, los líderes, los pastores y los miembros de la iglesia deben recurrir a la Asociación/Misión/Campo local en busca de consejo acerca del funcionamiento de su congregación o cuando surjan preguntas relacionadas con el Manual de la iglesia. Si no se logra un entendimiento o acuerdo, el asunto deberá referirse a la Unión, para su aclaración.

        Términos utilizados en el Manual de la iglesia

        Iglesia. Por motivos de economía editorial y de impresión, “Iglesia”, con “I” mayúscula, en estas páginas, es utilizada en lugar de la frase completa “Iglesia Adventista del Séptimo Día”, y se refiere a la organización de la Iglesia en su conjunto, más que a una congregación o iglesia local, a menos que sea utilizada dentro de una cita.

        Asociación, Misión, Sección, Delegación, Campo o Unión de Iglesias. Por motivos de economía editorial y de impresión, “Asociación”, en estas páginas, significa “Asociación, Misión, Campo, Sección, Delegación o Unión de iglesias”, tal como el contexto administrativo lo indique. Generalmente, cada congregación es miembro de la hermandad de iglesias conocida como Asociación, pero hasta que la organización local adquiere el estatus de Asociación, en el Libro de Reglamentos de la Asociación General puede ser identificada como una Misión, Sección, Delegación o Campo. En algunas divisiones mundiales, las uniones de iglesias en un país particular funcionan como una Asociación para los fines de las iglesias locales, y como una Unión para los fines de otras organizaciones de la Iglesia. (Ver capítulo 3, “Organización y autoridad”.)

        Pastor y ministro. Gran parte de las áreas de la Iglesia mundial utiliza “pastor” para identificar a un miembro del clero. Por lo tanto, este término es utilizado en estas páginas en lugar de “ministro”, sin importar las responsabilidades que se le asignen en la Asociación local. El uso del término aquí no tiene la intención de imponer ese uso donde se acostumbra decir “ministro”. Los astores referidos en este manual son los que han sido designados por la Asociación para supervisar los asuntos de la iglesia local o de un distrito.

        Los versículos de las Escrituras, a menos que se indique otra cosa, fueron tomados de la versión Reina-Valera, revisión de 1960, publicada por las Sociedades Bíblicas en América Latina.
        Editado por última vez por JCabreraM; https://www.foroadventista.org/member/3386-jcabreram en , 14:37:02.
        El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende ( Sal. 34:7)

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        • #5
          CAPÍTULO 2
          La iglesia del Dios viviente
          En las Escrituras, se hace referencia a la iglesia mediante expresiones tales como “la iglesia de Dios” (1 Cor. 1:2), “el cuerpo de Cristo” (Efe. 4:12), “la iglesia del Dios viviente” (1 Tim. 3:15).
          Pertenecer a la iglesia de Dios es un privilegio único, que produce en el alma grandes satisfacciones. Dios tiene el propósito de reunir a un pueblo desde los distantes confines de la Tierra, con el fin de constituirlo en un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo, la iglesia, de la que él es la cabeza viviente. Todos los que son hijos de Dios en Cristo Jesús son miembros de su cuerpo y, dentro de esta relación, pueden disfrutar del compañerismo del uno con el otro, y del compañerismo con su Señor.

          La palabra iglesia se usa en el relato bíblico por lo menos en dos sentidos: en un sentido general, se aplica a la iglesia en todo el mundo (Mat. 16:18; 1 Cor. 12:28); y en un sentido particular, se aplica a la iglesia de una ciudad o provincia, como la de Roma (Rom. 1:6, 7), Corinto (1 Cor. 1:2), Tesalónica (1 Tes. 1:1), Galacia (1 Cor. 16:1), Asia (1 Cor. 16:19), y Siria y Cilicia (Hech. 15:41).

          Cristo, que es la cabeza de la iglesia y su Señor viviente, ama profundamente a los miembros de su cuerpo. En la iglesia, él debe ser glorificado (Efe. 3:21). Por medio de la iglesia, el Señor revelará “la multiforme sabiduría de Dios” (Efe. 3:10). Día tras día, “sustenta” a su iglesia (Efe. 5:29), y es su mayor anhelo hacer de ella una iglesia “gloriosa”, “santa”, que no tenga “mancha ni arruga, ni cosa semejante” (Efe. 5:27).
          El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende ( Sal. 34:7)

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          • #6
            Ningún muro de separación

            Cristo procuró, mediante el precepto y el ejemplo, enseñar la verdad de que con Dios no debía haber muro de separación entre Israel y las otras naciones (Juan 4:4-42; 10:16; Luc. 9:51-56; Mat. 15:21-28). El apóstol Pablo escribió: “Los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio” (Efe. 3:6). Tampoco debe haber, entre los seguidores de Cristo, preferencia alguna de casta, nacionalidad, raza o color, porque todos los hombres son de una sangre. Los elegidos de Dios forman una hermandad universal, una nueva
            humanidad; “todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gál. 3:28; Juan 3:16).

            “Cristo vino al mundo con un mensaje de misericordia y perdón. Colocó el fundamento de una religión que une a judíos y gentiles, a blancos y negros, a libres y esclavos, en una gran hermandad, considerada en un mismo plano de igualdad a la vista de Dios. El Salvador tiene un amor ilimitado
            para cada ser humano” (Mensajes selectos, t. 2, p. 549).

            “Dios no reconoce ninguna distinción por causa de la nacionalidad, la raza o la casta. Es el Hacedor de toda la humanidad. Todos los hombres son una familia por la creación, y todos son uno por la redención. Cristo vino para demoler todo muro de separación, para abrir todo departamento del Templo, para que cada alma pudiese tener libre acceso a Dios.[...] En Cristo no hay ni judío ni griego, ni esclavo ni libre. Todos son atraídos por su preciosa sangre” (Palabras de vida del gran Maestro, p. 318).
            El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende ( Sal. 34:7)

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            • #7
              La iglesia es el objeto supremo de la consideración de Cristo.

              Los que están al servicio de Cristo y son llamados al liderazgo deben cuidar “de la iglesia” (1 Tim. 3:5), “apacentar la iglesia del Señor” (Hech. 20:28) y mostrar “la preocupación por todas las iglesias” (2 Cor. 11:28).“Testifico, ante mis hermanos y hermanas, que la iglesia de Cristo, por debilitada y defectuosa que sea, es el único objeto en la Tierra al cual él concede su suprema consideración. Mientras el Señor extiende a todo el mundo su invitación de venir a él y ser salvo, comisiona a sus ángeles para prestar ayuda divina a toda alma que acude a él con arrepentimiento y contrición, y él se manifiesta personalmente a través de su Espíritu Santo en medio de su iglesia” (Testimonios para los ministros, 1977, p. 15).

              Como novia de Cristo y el supremo objeto de su consideración, se espera que represente el orden y el carácter de lo divino en todas sus funciones.
              “En este tiempo, la iglesia ha de ponerse sus hermosas vestiduras: ‘Cristo, justicia nuestra’. Hay distinciones claras, definidas, que han de ser restauradas y ejemplificadas ante el mundo al mantener en alto los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. La hermosura de la santidad ha de aparecer con su lustre primitivo en contraste con la deformidad y las tinieblas de los desleales, aquellos que se han rebelado contra la ley de Dios. Así, nosotros reconocemos a Dios y aceptamos su ley, el fundamento de su gobierno en el cielo y a lo largo de sus dominios terrenales. Su autoridad debe ser mantenida distinta y clara delante del mundo; y no debe reconocerse ninguna ley que se halle en conflicto con las leyes de Jehová. Si, desafiando las disposiciones de Dios, se permite que el mundo ejerza su influencia sobre nuestras decisiones o nuestras acciones, el propósito de Dios es anulado.

              Por especioso que sea el pretexto, si la iglesia vacila aquí, se registra contra ella, en los libros del cielo, una traición de las más sagradas verdades y una deslealtad al reino de Cristo. La iglesia ha de sostener firme y decididamente sus principios ante todo el universo celestial y los reinos del mundo; la inquebrantable fidelidad en mantener el honor y el carácter sagrado de Dios atraerá la atención y la admiración aun del mundo, y muchos serán inducidos, por las buenas obras que contemplen, a glorificar a nuestro Padre que está en los cielos” (Testimonios para los ministros, 1977, pp. 16, 17).

              El apóstol Pedro escribe: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Ped. 2:9).
              El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende ( Sal. 34:7)

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              • #8
                La iglesia completa en Cristo

                “El Señor ha provisto a su iglesia de talentos y bendiciones, para que presente ante el mundo una imagen de la suficiencia de Dios y para que su iglesia sea completa en él, una constante ejemplificación de otro mundo, el mundo eterno, regido por leyes superiores a las terrenas. Su iglesia ha de ser un templo erigido a la semejanza divina, y el arquitecto angelical ha traído del cielo su áurea vara de medir, para que cada piedra pueda ser labrada y escuadrada según la medida divina, y pulida para brillar como emblema del cielo, irradiando en todas direcciones los rayos brillantes y claros del Sol de Justicia.[...]

                “El Señor Jesús está realizando experimentos en los corazones humanos por medio de la manifestación de su misericordia y abundante gracia.

                Está realizando transformaciones tan sorprendentes que Satanás, con toda su triunfante jactancia, con toda su confederación del mal unida contra Dios y las leyes de su gobierno, se detiene para mirarlas como una fortaleza inexpugnable ante sus sofismas y engaños. Son para él un misterio incomprensible.

                Los ángeles de Dios, serafines y querubines, los poderes comisionados para cooperar con los agentes humanos, contemplan con asombro y gozo cómo hombres caídos, una vez hijos de la ira, están desarrollando, por la enseñanza de Cristo, caracteres a la semejanza divina, para ser hijos e hijas de Dios, para desempeñar una parte importante en las ocupaciones y los deleites del cielo.

                “Cristo ha dado a la iglesia amplias facilidades con el fin de que pueda recibir ingente rédito de gloria de su posesión comprada y redimida. La iglesia, dotada de la justicia de Cristo, es su depositaria, en la cual la riqueza de su misericordia, su amor y su gracia ha de aparecer en plena y final manifestación” (Testimonios para los ministros, 1977, pp. 17, 18).

                “Cristo mira a sus hijos en su inmaculada pureza y perfección impecable como la recompensa de sus sufrimientos, su humillación y su amor, y la corona de su gloria, siendo él mismo el gran centro del cual irradia toda su gloria. ‘Bienaventurados los que son llamados a la cena de bodas del Cordero’ (Apoc. 19:9)” (Testimonios para los ministros, 1977, pp. 18, 19).

                La Iglesia Adventista del Séptimo Día está comprometida con los principios de unidad de la iglesia de Cristo aquí mencionados. Mediante la paz y el poder que la justicia de Cristo proporciona, la iglesia está empeñada en demoler todas las barreras que el pecado levantó entre los seres humanos.
                El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende ( Sal. 34:7)

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                • #9
                  CAPÍTULO 3
                  Organización y autoridad
                  La organización de la iglesia está basada en los principios de Dios. “Hermanos, nunca permitáis que las ideas de alguna persona perturben vuestra fe con respecto al orden y la armonía que deberían existir en la iglesia.[...] El Dios del cielo es un Dios de orden, y requiere que sus seguidores tengan reglas y normas que mantengan el orden” (Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 254, 255).

                  Base bíblica de la organización de la iglesia

                  Cuando Dios llamó a los hijos de Israel de Egipto y los escogió como su pueblo peculiar, les dio un impresionante sistema de organización para gobernar sus acciones, tanto en los asuntos civiles como en los religiosos.

                  “El gobierno de Israel se caracterizaba por la organización más cabal, tan admirable por su esmero como por su sencillez. El orden tan señaladamente puesto de manifiesto en la perfección y la disposición de todas las obras creadas por Dios se veía también en la economía hebrea. Dios era el centro de la autoridad y del gobierno, el soberano de Israel. Moisés se destacaba como el caudillo visible que Dios había designado para administrar las leyes en su nombre. Posteriormente se escogió, de entre los ancianos de las tribus, un consejo de setenta hombres para que asistiera a Moisés en la administración de los asuntos generales de la Nación.

                  Enseguida venían los sacerdotes, quienes consultaban al Señor en el Santuario.
                  Había jefes, o príncipes, que gobernaban sobre las tribus. Bajo estos había ‘jefes de millares, jefes de cientos y jefes de cincuenta, y cabos de diez’ (Deut. 1:15), y por último, funcionarios que se podían emplear en tareas especiales” (Patriarcas y profetas, p. 391).

                  El Nuevo Testamento mostró la misma perfección en su organización. El mismo Cristo, que formó a la iglesia, colocó “los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso” (1 Cor. 12:18). Él los dotó con dones y talentos adecuados a las funciones que les confió, y los organizó en un cuerpo vivo y activo, del cual él es la cabeza.

                  “Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros” (Rom. 12:4, 5). “Y él [Cristo] es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia” (Col. 1:18).

                  “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo”. “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo”. “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas” (1 Cor. 12:4, 5, 12, 27, 28).

                  Importancia de la organización


                  Así como no puede haber un cuerpo humano vivo y activo a menos que sus miembros estén orgánicamente unidos, y funcionen juntos bajo un control central, tampoco puede haber una iglesia viva que crezca y prospere a menos que sus miembros estén organizados en un grupo unido, y todos desempeñen los deberes y las funciones que les sean confiados por Dios, bajo la dirección de una autoridad divinamente constituida. Sin organización, ninguna institución o movimiento puede prosperar. Una nación sin Gobierno organizado no tardaría en hundirse en el caos. Una empresa comercial sin organización fracasaría. Así ocurriría con la iglesia: sin organización, se desintegraría y perecería.

                  Para que la iglesia se desarrolle saludablemente y cumpla su gloriosa misión, que consiste en proclamar el evangelio de salvación a todo el mundo, Cristo le dio un sistema de organización sencillo pero eficaz. El éxito de sus esfuerzos para llevar a cabo esa misión depende de su leal adhesión a este plan divino.

                  “Algunos han adelantado la idea de que, a medida que nos acerquemos al fin del tiempo, cada hijo de Dios actuará independientemente de toda organización religiosa. Pero he sido instruida por el Señor en el sentido de que en esta obra no existe tal cosa como que cada hombre pueda ser independiente” (Testimonios para los ministros, 1977, pp. 489, 490).

                  “¡Oh, cómo se regocijaría Satanás si tuviera éxito en sus esfuerzos por infiltrarse en medio de este pueblo y desorganizar la obra en un momento cuando la organización completa es esencial, puesto que será el mayor poder para impedir la entrada de movimientos espurios, y para refutar pretensiones que no tienen apoyo en la Palabra
                  de Dios! Necesitamos sujetar las riendas en forma pareja, para que no se destruya el sistema de organización y orden que se ha levantado gracias a una labor sabia y cuidadosa.

                  No se debe permitir la acción de ciertos elementos desordenados que desean manejar la obra en este tiempo” (Testimonios para los ministros, 1977, p. 489).


                  Propósitos de la organización

                  “A medida que nuestros miembros fueron aumentando, resultó evidente que sin alguna forma de organización habría gran confusión, y la obra no se realizaría con éxito. La organización era indispensable para proporcionar sostén al ministerio, para dirigir la obra en nuevos territorios, para proteger tanto a las iglesias como a los ministros de los miembros indignos, para retener las propiedades de la iglesia, para la publicación de la verdad por medio de la prensa y para muchos otros objetos” (Testimonios para los ministros, 1977, p. 26).

                  “Como miembros de la iglesia visible y obreros en la viña del Señor, todos los que profesan el cristianismo deben hacer cuanto puedan para conservar la paz, la armonía y el amor en la iglesia. Tomemos nota de la oración de Cristo: ‘Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa; para que el mundo crea que tú me enviaste’ (Juan 17:21). La unidad de la iglesia es la evidencia convincente de que Dios ha enviado al mundo a Jesús como su Redentor” (Joyas de los testimonios, t. 2, p. 263).
                  Editado por última vez por JCabreraM; https://www.foroadventista.org/member/3386-jcabreram en , 11:57:38.
                  El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende ( Sal. 34:7)

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                  • #10
                    El modelo del Nuevo Testamento

                    La comisión que el Salvador dio a la iglesia, de llevar el evangelio a todo el mundo (Mat. 28:19, 20; Mar. 16:15), comprendía no solo la predicación del mensaje sino también asegurar el bienestar de quienes lo aceptaban. Esto implicaba dar atención pastoral, proveer un lugar de acomodación para el rebaño y también resolver los problemas de relaciones humanas. Una situación tal exigía organización.

                    Al principio, los apóstoles constituyeron un concilio que dirigió las actividades de la iglesia desde Jerusalén (Hech. 15:1-35). Cuando el grupo de aquella ciudad llegó a ser tan numeroso que la administración de sus asuntos prácticos se convirtió en un problema, eligieron diáconos para que se encargaran de los asuntos administrativos de la iglesia (Hech. 6:2-4).

                    Más tarde surgieron otras congregaciones, no solamente en Asia, sino también en Europa, y esto requirió nuevas providencias en materia de organización.

                    Encontramos que, en Asia Menor, se ordenaron ancianos en todas las iglesias (Hech. 14:23). Parece evidente también, al leer el registro divino, que la extensión de la obra por las distintas provincias del Imperio Romano exigió la organización de iglesias en lo que podríamos llamar asociaciones, las que, al parecer, incluían a las iglesias de una determinada provincia, tal como en el caso de “las iglesias de Galacia” (Gál. 1:2). Así, paso a paso, fue organizándose la iglesia primitiva. A medida que surgían las necesidades, Dios guiaba y dirigía a los dirigentes de su obra, de modo que, en consejo con la iglesia, se fue desarrollando una forma de organización que salvaguardó los intereses de la obra.

                    La organización de la obra hoy

                    La forma de gobierno de la Iglesia Adventista es representativa, la cual reconoce que la autoridad de la Iglesia descansa en sus miembros, y es expresada a través de representantes debidamente escogidos en cada nivel de la organización, con responsabilidad ejecutiva delegada en los cuerpos representativos y en los oficiales para el gobierno de la Iglesia en cada diferente nivel. Esta forma de gobierno eclesiástico reconoce, también, que la ordenación al ministerio es reconocida por la Iglesia mundial.

                    “Cada miembro de la iglesia tiene voz para elegir a los dirigentes de ella. La iglesia elige a los dirigentes de las asociaciones locales. Los delegados elegidos por las asociaciones locales eligen a los de las uniones; y los delegados elegidos por las uniones eligen a los dirigentes de la Asociación General. Con este arreglo, toda Asociación, institución, iglesia e individuo, sea directamente o por medio de sus representantes, tiene voz en la elección de los hombres que llevan las responsabilidades principales en la Asociación General” (Joyas de los testimonios, t. 3, p. 241).

                    El sistema organizacional actual de la Iglesia fue el resultado de una creciente comprensión teológica de la misión de la Iglesia, del crecimiento de la feligresía y de la diseminación geográfica de la Iglesia. Los representantes de las asociaciones se reunieron en 1863 para organizar la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día.

                    Existen varios niveles organizacionales dentro de la Iglesia, que van desde el creyente individual hasta la organización mundial de la obra de la Iglesia. Las unidades de miembros de cada uno de estos niveles convocan periódicamente a reuniones administrativas formales conocidas como congresos. (En las iglesias locales, estas reuniones serían equivalentes a la reunión administrativa de la iglesia.) En la estructura de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, ninguna organización tiene estatus propio ni funciona como si no tuviera obligaciones hacia la familia de la Iglesia más allá de sus límites.
                    El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende ( Sal. 34:7)

                    Comentario


                    • #11
                      Bosquejo de la organización denominacional

                      1. Iglesia local. Es un grupo de miembros de una localidad específica al que se le ha otorgado, por el congreso de una Asociación, estatus oficial como iglesia.

                      2. Asociación o Misión/Campo local. Es un grupo de iglesias locales, dentro de un área geográfica específica, al que se le ha otorgado, por voto de la Junta Directiva de una División, estatus oficial de Asociación o Misión/Campo local de la Iglesia Adventista, y subsecuentemente se lo ha aceptado en la hermandad de asociaciones-misiones en un congreso de Unión. (Ver página 20).

                      3. Unión de iglesias. Es un grupo de iglesias, dentro de un área geográfica específica, a la que se le ha otorgado, en un congreso de la Asociación General, estatus oficial de Unión de Iglesias, ya sea como Asociación o como Misión.

                      4. Unión-Asociación o Unión-Misión. Es un grupo de asociaciones, dentro de un área geográfica específica, al que se le ha otorgado, en un congreso de la Asociación General, estatus oficial de Unión-Asociación o Unión-Misión.

                      5. Asociación General y sus divisiones. La Asociación General representa la expresión mundial de la Iglesia. Su membresía constituyente está definida en su Constitución. Para facilitar su actividad mundial, la Asociación General ha establecido oficinas regionales, conocidas como divisiones de la Asociación General, a las que se les ha asignado, por voto de la Junta Directiva de la Asociación General en concilios anuales, supervisión administrativa general para grupos de uniones designados y otras unidades de la Iglesia dentro de áreas geográficas específicas.


                      La Biblia es el fundamento, y la fuente de creencia y práctica; sobre esta base, el Congreso de la Asociación General determina la declaración de creencias fundamentales de la Iglesia. El Congreso de la Asociación General también autoriza el establecimiento de uniones y la inclusión de campos, revisa el Manual de la iglesia, escoge a los líderes de la Asociación General y de las divisiones, desempeña otras funciones tal como están delineadas en su Constitución y sus Estatutos, y considera los asuntos que le son remitidos por su Junta Directiva. La Junta Directiva de la Asociación General, entre congresos,está capacitada por la Constitución y por los Estatutos para actuar en favor de los constituyentes. Así, las organizaciones de todo el mundo reconocen el Congreso de la Asociación General como la voz de la iglesia.
                      El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende ( Sal. 34:7)

                      Comentario


                      • #12
                        El papel de las instituciones

                        Los diferentes niveles de la Iglesia operan una variedad de instituciones educativas, médicas, casas publicadoras y otras, para satisfacer, en el nombre de Cristo, las necesidades de un mundo desconsolado. En la teología y la filosofía adventistas, estas instituciones han sido, desde su origen, instrumentos indispensables para llevar a cabo la misión espiritual de la Iglesia, de servir a
                        toda persona y llevar el evangelio al mundo.

                        Ninguna organización ni institución de la Iglesia asume la responsabilidad por los pasivos, las deudas, los actos o las omisiones de otra organización de la Iglesia, simplemente por causa de su afiliación con la Iglesia.
                        El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende ( Sal. 34:7)

                        Comentario


                        • #13
                          Autoridad de la iglesia en la iglesia primitiva

                          Dios, como Creador, Redentor y Sustentador, Señor y Rey de toda la creación, es la única fuente y base de autoridad para la iglesia. Delegó autoridad en sus profetas y apóstoles (2 Cor. 10:8). Ellos, por lo tanto, ocuparon una posición crucial y única en la transmisión de la Palabra de Dios y en la edificación de la iglesia (Efe. 2:20).

                          La iglesia primitiva tenía la responsabilidad de velar por la pureza en doctrina y práctica. Los ancianos (obispos) tenían gran autoridad. Una de sus principales funciones era el cuidado pastoral en general y la supervisión (Hech. 20:17-28; Heb. 13:17; 1 Ped. 5:13), con tareas especiales tales como instruir en la sana doctrina y refutar a los que contradecían (1 Tim. 3:1, 2; Tito1:5, 9). Los que gobernaban bien eran “tenidos por dignos de doble honor”, principalmente si trabajaban en “predicar y enseñar” (1 Tim. 5:17). Se les había instruido que probaran “los espíritus si son de Dios” (1 Juan 4:1) o, en las palabras de Pablo, “examinarlo todo” y “retener lo bueno” (1 Tes. 5:21). Eso mismo era verdad con relación al ejercicio de la disciplina eclesiástica (Mat. 18:15-17), que iba desde la admonición privada (compárese con Mat. 18:16; Gál. 6:1), hasta la desfraternización de la feligresía de la iglesia (Mat.
                          18:18; 1 Cor. 5:11, 13; 2 Cor. 2:5-11).

                          La iglesia tiene autoridad para establecer las condiciones para ser miembro de ella y las reglas que la gobiernan
                          .
                          El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende ( Sal. 34:7)

                          Comentario


                          • #14
                            La Asociación General es la autoridad suprema

                            En la Iglesia hoy, la Asociación General al sesionar en Congreso Mundial, y su Junta Directiva en los intervalos entre congresos, es la más alta unidad organizacional en la administración de la obra mundial de la Iglesia.

                            La Junta Directiva de la Asociación General está autorizada, por sus estatutos, a crear organizaciones subordinadas con autoridad para llevar a cabo sus funciones. Por lo tanto, todas las organizaciones y las instituciones subordinadas, en todo el mundo, reconocerán al Congreso de la Asociación General, y a la Junta Directiva de la Asociación General entre sesiones, como la autoridad eclesiástica suprema, después de Dios, entre los adventistas del séptimo día.

                            Cuando surgen divergencias en las organizaciones o en las instituciones, o entre ellas, es apropiado apelar a la organización inmediata superior, hasta llegar al Congreso de la Asociación General, o al Concilio Anual de su Junta Directiva. Durante el intervalo que media entre los congresos, la Junta Directiva de la Asociación General es el cuerpo con autoridad final para resolver todas las diferencias de puntos de vista que puedan producirse. La decisión de la Junta Directiva puede ser revisada en un Congreso de la Asociación General o en un Concilio Anual de la Junta Directiva.

                            Cuando las organizaciones revisan decisiones de otras organizaciones, no asumen la responsabilidad por las consecuencias legales de cualquier otra organización.

                            “Se me ha indicado muchas veces que ningún hombre debe renunciar a su juicio para ser dominado por el de cualquier otro hombre. Nunca debe considerarse que la mente de un hombre o la de unos pocos hombres se basta en sabiduría y poder para controlar la obra y decir qué planes deben seguirse. Pero, cuando en un Congreso de la Asociación General se expresa el juicio de los hermanos congregados de todas partes del campo, la independencia y el juicio particulares no deben sostenerse con terquedad, sino entregarse. Nunca debe un obrero tener por virtud el persistir en una actitud independiente contra la decisión del cuerpo general” (Joyas de los testimonios, t. 3, p. 408).
                            El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende ( Sal. 34:7)

                            Comentario


                            • #15
                              Correcto hermano, pero ¿cuál es el punto?

                              Comentario

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