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Cuando el amor de tu vida no es Cristiano (testimonio)

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  • Arlene
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    woow muy buena historia muchas Gracias Me hace reafirmar mi fe y espera de un marido Cristiano. Se las recomiendo al que no haya leido.

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  • Gesem
    respondió
    Conceptos....

    Holaas, Dios con nosotros.

    La biblia registra mas de un caso en donde la pareja no era persona creyente pero veamos primero los conceptos de forma somera:

    CREYENTE: ser que cree en algo
    NO CREYENTE: ser que no cree en algo
    YUGO: Someterse a su dominio o ceder a su ascendiente, influencia y sugestión cuando hablamos entre personas.
    DESIGUAL: diverso, varible, que no es igual.

    A lo que Cuando el texto refiere NO TENER YUGO DESIGUAL pues no refiere tanto a que si es o no es ADVENTISTA o EVANGELICO o CATOLICO, a lo que refiere de primer plano es RECONOCER QUIEN ES DIOS Y SU HIJO JUNTO CON EL CONSOLADOR de asi poco a poco la CREENCIA SERA UNA SOLA.

    Es claro que uno puede creer que parece facil, PERO LA VERDAD NO ES MUY SENCILLO CUANDO LO HACE UNO CON SUS PROPIAS FUERZAS.

    Tenemos los casos de Jose hijo de Jacob que se caso con una EGIPCIA la cual dio a luz a dos varones los cuales tuvieron parte al ser mencionadas las 12 TRIBUS, asi tambien tenemos a Abraham que tuvo a Ismael con una EGIPCIA la cual tambien no fue maldecida ni mucho menos su hijo, y esto no ocurrio como un enamoramiento y todo esa ceremonia (Genesis 16) asi mismo tenemos a un profeta que se le ordeno tambien tener una relacion sentimental con una persona que estaba muy alejada de ser CRISTIANA me refiero a OSEAS.

    Bien en fin a lo que quiero llegar es a lo siguiente:

    CUANDO TU TE ENAMORES, SI ES AMOR DE VERDAD, PUES ESTAMOS HABLANDO DE DIOS, PUES DIOS ES AMOR, ENTONCES NO SERA DIFICIL QUE HABLEN EL MISMO LENGUAJE, NO SERA DIFICIL QUE AMBOS SEAN CREYENTES DE DIOS, JESUS Y EL ESPIRITU SANTO, NO SERA DIFICL QUE AMBOS PUES SALGAN DE LAS TINIEBLAS, PERO SI LOS RESULTADOS QUE VEZ NO SON ESTOS, ENTONCES SOLO 3 COSAS AL INICIO: ORACION, LECTURA DE LA BIBLIA Y TESTIFICACION, LO DEMAS CAERA POR SU PROPIO PESO SI ASI DIOS LO DISPONE.

    Espero no sea dificil para cada uno de nosotros tomar la decicion de que Dios es quien nos ayudara en los casos del corazon.

    DIOS, GRACIAS, MUCHAS GRACIAS POR PERMITIRNOS SENTIRTE O SEA POR AMAR, GRACIAS.

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  • CoRazoNa
    respondió
    La Pregunta Clave sobre el yugo desigual y pasos que considerar en un noviazgo mixto




    Lo fundamental, entonces, es lo siguiente: ¿Es Dios un elemento negociable en mi vida? No se trata de religiones ni de «simples preferencias personales». Hablamos de nuestra relación con el Señor, «nuestra columna vertebral ideológica...alrededor de la cual se articulan nuestras creencias, valores, prioridades, expectativas...todo nuestro estilo de vida».(1)

    Dios te ha comprado con la sangre de su Hijo. Eres suya/o.

    Cuando te arrepentiste de tu pecado, le diste las riendas de tu vida. Y sabías que seguirle exigía el precio del discipulado, el morir al yo. Al final todo se resume en: ¿Hasta dónde estás dispuesta/o a seguirle?

    A todo esto se tuvo que enfrentar Eva (ver Intro). Sí, Dios podía cambiar a Adrián, pero en el fondo sabía que Él exigía su propia obediencia. Sin paz, oraba por la conversión de Adrián. Pero él, seis años y medio después, seguía enzarzado en luchas intelectuales, sin abrir su corazón.

    Ya entrando en el mundo laboral, o avanzaban hacia un compromiso mayor, o abandonaban. Confundida, Eva dejó pasar demasiado tiempo. Compraron una vivienda y sólo quedaba fijar la fecha de boda.

    Entonces ocurrió lo inevitable: Dentro de ella creció la seguridad de que estaba desobedeciendo al Señor. Ya no oraba principalmente por la conversión de Adrián, sino para que Dios le mostrara su voluntad y le diera una pareja cristiana. Pero Dios la retaba a confiar en Él, recordándola que sabía de sobra cuál era su voluntad. Eva dice que sólo entonces se dio cuenta de que Dios era la única apuesta segura.

    Orando y dejando de lado los sentimientos, con una frialdad absoluta dijo a Adrián que debían dejarlo y que no quería hablar con él por un tiempo, porque sabía que si lo hacía, sería exponerse de nuevo a la duda. Y se fue.

    La clave: Eva realmente deseaba seguir al Señor. Dios no era un elemento negociable y no estaba dispuesta a albergar una incompatibilidad en su vida: «Salir con un no creyente, y decirle al Señor que le seguirás en lo que te pida, es como encerrarte con llave en una habitación y luego tirar la llave por la ventana...para después decirle al Señor que irás donde te mande. Sencillamente es imposible».





    En nuestro anterior artículo la protagonista de nuestra historia, Eva (ver Intro), dice: «Salir con un no creyente, y decirle al Señor que le seguirás en lo que te pida, es como encerrarte con llave en una habitación y luego tirar la llave por la ventana...para después decirle al Señor que irás donde te mande. Sencillamente es imposible».
    ¿Qué has hecho tú con la llave? ¿Estás atrapada en contradicciones?

    Después de haber pagado un alto precio, Eva te aconseja lo siguiente:
    • No dejes de buscar la voluntad de Dios; está claramente escrita en la Biblia, como vimos en el artículo anterior.
    • La duda que persiste y la ausencia de paz son un mal síntoma.
    • ¡Obedece a Dios! Pídele que no te deje marchar sin su bendición.
    • Reflexiona que cuánto más tiempo dejes pasar, mayor será el precio.
    • No busques excusas para alejarte de la iglesia.
    • Sé sincera/o contigo misma.
    Eva también enfatiza que el amor es crucial, pero no lo es todo y puede confundir: «Piensa con sentido común y recuerda que la fe en que se convierta tu pareja, no obliga al Señor a hacer nada».
    ¿Y ahora qué?

    ¿Podrás sobrevivir después de tomar una decisión tan dura? ¿Nos podemos fiar de Dios?
    La historia de Eva no termina con un adiós. Aunque no todas sus amistades comprendieron su decisión, Rubén, uno de sus amigos de toda la vida, mostró interés por el evangelio y, poco después, aceptó a Jesucristo como su Salvador. El testimonio de Eva fue la gota que colmó el vaso en su búsqueda de Dios. Enseguida fue a la iglesia, y en unos meses, se bautizó.

    Cuando Rubén se convirtió, Eva empezó a verle con otros ojos. Tal y como ocurrían las circunstancias, supo que iban a ser el uno para el otro - ¡aunque casi ni se lo podía creer! Tardaron unos pocos meses en casarse.

    Aunque sea poco tiempo para hoy en día, Eva había vivido lo contrario: amar mucho a su novio, sin estar en paz un solo día. Ahora la paz en su relación con Rubén, al que amaba con el corazón - y también la cabeza - , era la mayor confirmación. Aunque Dios le había parecido cruel, comprendió que cuando Dios pide algo, tiene algo mejor para nosotros. Creyendo y obedeciendo, lo veremos.

    Eva dice que comparte mucho con su marido: orar, servir al Señor, hablar de inquietudes, estudiar la Biblia: «Sobre todo, compartimos nuestra prioridad en la vida y la bendición del Señor. Ahora soy mucho más feliz, porque vivo sin las grandes contradicciones internas con las que antes lidiaba cada día».

    Dios premia la obediencia, aunque sea nuestra obligación. No todas las recompensas son iguales, pero la mejor inversión es obedecer al Señor...en nuestras relaciones...y en toda nuestra vida.

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  • CoRazoNa
    respondió
    Factores que afectan al noviazgo mixto




    Eva (ver Intro) recuerda cómo le acusaban los textos bíblicos en los que Dios habla acerca de los matrimonios mixtos.

    El versículo que más se cita es el del «yugo desigual»: «No os unáis en yugo desigual con los no creyentes. Porque ¿qué compañerismo tiene la rectitud con el desorden? ¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas? ¿Qué armonía hay entre Cristo y Belial? ¿Qué parte tiene el creyente con el no creyente?» (2 Cor. 6:14, 15).

    Aunque el contexto no hable del matrimonio, es aplicable el principio de la imposibilidad de comunión entre el creyente y el inconverso. El yugo era el aparato de madera que unía a los bueyes mientras tiraban del arado. En Deuteronomio, Dios dijo a los judíos que no araran con un buey y un asno a la vez. Se trataba de un «yugo desigual», doloroso para los animales e impráctico para el dueño. Otros estudiosos dicen que alude a una expresión militar que describe el acto de abandonar las filas.

    La razón detrás del mandamiento de no unirse en yugo desigual la resume el siguiente autor: «La Biblia prohibe el matrimonio mixto entre creyentes e inconversos porque no es posible desarrollar en forma plena la verdad de "una sola carne". No se puede unir el espíritu viviente del creyente y el espíritu muerto (sin Cristo) del inconverso. No hay ni habrá comunión espiritual...Por lo tanto, la comunicación se realiza solamente a nivel del "alma"».*

    En un capítulo importante sobre las relaciones, 1 Corintios 7, Dios también advierte que la viuda es libre para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor. Evidentemente, los solteros también son libres para casarse con quienes quieran, con tal que sea en el Señor.

    Pero los versículos que «acusan» no sólo se limitan al Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento está repleto de referencias al naufragio espiritual que causan las relaciones mixtas. Tanto en Éxodo como en Deuteronomio, Dios ordenó a Israel que no se emparentaran con las naciones idólatras que la rodeaban: «No darás tu hija a su hijo, ni tomarás su hija para tu hijo. Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirá a otros dioses, de modo que el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros y pronto os destruirá» (Deut. 7:3, 4). Leemos sobre la obediencia y desobediencia de los israelitas, y los resultados de sus acciones: la insistencia y el esfuerzo de Abraham en encontrar una mujer piadosa para su hijo; los estragos en las vidas de Sansón y Salomón a causa de mujeres inconversas; el caos nacional en tiempos de Esdras y Nehemías cuando los israelitas se casaron con paganas; y el declive de Israel al mezclarse con los otros pueblos, no por razones racistas, sino espirituales.

    Aunque estos textos hablen del matrimonio, contienen los principios para evitar el noviazgo con una persona inconversa. Aunque algunos argumentarían a favor de las relaciones mixtas (citando la vida de Rut la moabita, por ejemplo), el peso de la evidencia es que la mayoría de las relaciones mixtas han alejado al creyente de la fe, tanto en la historia bíblica como en la actual.

    Eva dice hoy, «Ay, qué poco valor damos a veces a nuestras palabras, y a qué precio descubriría, a lo largo de los años, que jamás Dios se toma a la ligera nuestros compromisos» (ver Intro).

    El precio sería alto, pero su historia tendría un final sorpresa.




    Eva cortó con Adrián, su novio inconverso, a los cuatro años de estar juntos.En un campamento cristiano, había preguntado al conferenciante: «¿Qué puedo hacer para que mi novio se convierta?»

    «Dejarlo», le había respondido el conferenciante a secas.

    Esa respuesta, aparte de sus propias luchas, le hizo pensar y le molestaba.

    La ruptura fue un desgarro. Adrián insistía en volver, y aunque Eva estaba decidida a dejarlo, no había pensado en cómo se sentirían los dos después. Tres días más tarde, continuaron saliendo.

    Cuando Adrián accedió a asistir a un estudio bíblico y a la iglesia una vez al mes, Eva pensó que se convertiría pronto.
    Sentido común

    Cuando estamos enamoradas, perdemos objetividad. Desde la psicosociología, el causante es la idealización: «las fuertes e intensas emociones se impermeabilizan al razonamiento».(1) En El Quijote, Sancho advierte, refiriéndose al enamoramiento, que mira con unos anteojos que hacen parecer oro al cobre, a la pobreza riqueza, y a las legañas perlas. Esta idealización hace que muchas jóvenes vean «señales» de que su novio se va a convertir. Pero las incompatibilidades del noviazgo mixto son tan serias que no podemos ignorarlas soñando con cuentos de hadas.

    Félix Ortiz, director de Agape en España, subraya dos factores que afectan la relación mixta:
    1) una perspectiva de la vida diferente y 2) los límites de la relación. En cuanto a perspectiva, por los cambios en la sociedad, «cada vez hay una distancia mayor entre la forma de ver y entender la vida de cristianos y no cristianos».(2) Esto imposibilita el proyecto de vida en común que se establece en el noviazgo. Implica renuncia de una parte, y por desgracia, suele ceder el creyente.


    Por otro lado, la relación está limitada porque no se puede compartir plenamente con la pareja lo que Dios nos enseña, nuestras dudas, inquietudes y necesidades espirituales. Aunque nos respete, no puede participar porque necesita discernimiento espiritual, como explica la Biblia. De hecho, cuanto mayor sea nuestro crecimiento espiritual, mayor será el abismo entre los dos.


    Un creyente que, apartado de Dios, inició una relación con una no cristiana, lo explica así: «Desde el principio había sabido que yo era creyente y no tenía ningún problema con ello...hasta que empecé a ser un cristiano de verdad... Entonces empezaron los problemas. Esto, en vez de acercarla al Señor, se convirtió en una cuña que nos separaba más y más».(3)

    Sigue en el proximo post

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  • CoRazoNa
    comenzado un tema Cuando el amor de tu vida no es Cristiano (testimonio)

    Cuando el amor de tu vida no es Cristiano (testimonio)



    «Señor, déjame salir con él, y si no se convierte, ¡lo dejaré!», Eva* oró fervientemente. Aunque tenía apenas 15 años cuando hizo este compromiso, no lo podría olvidar a lo largo de los próximos siete años de su vida.
    Oraba por Adrián, un vecino guapo y tres años mayor. No era creyente, pero tenía cualidades extraordinarias que no había descubierto en otro chico y mucho menos en su círculo de la iglesia. Maduro, amable, inteligente, con alto nivel cultural, pero además divertido, generoso... Adrián arrasó en su corazón.

    «Por primera vez experimentaba el hecho de que un chico, y justamente el que tanto me había impresionado, se fijara en serio en mí - dice Eva.- Mostró más interés por mí que cualquier amiga o amigo que antes había tenido. Mi bajísima autoestima desapareció: ¡me había enamorado!»Inconscientemente, Eva no daba gran valor al noviazgo al observar cómo sus amigas salían y luego cortaban. Y este enamoramiento le pilló por sorpresa, cuando no había tenido tiempo de plantearse muchas preguntas. En el fondo, pensaba que deseaba casarse con un chico creyente, sin saber demasiado bien por qué. Pero eso sería en un futuro muy lejano, ¿no?
    _____
    A continuación, exploramos el yugo desigual en el noviazgo. Es aconsejable leer los artículos en este orden, para no perder el hilo de la historia de Eva.






    ¿Te identificas con Eva?

    A Eva(ver Intro), como a muchas, el enamoramiento le pilló desprevenida y muy joven. Puede que a ti te haya pasado lo mismo. Y después de tantos años, no te imaginas la vida sin él.

    También se pueden dar distintas situaciones:
    • Te has enamorado de un inconverso de adulta, casi sin saber cómo, pero igualmente, no tenías el tema muy claro. O sí que lo tenías claro, pero te has cansado de esperar.
    • En tu iglesia no hay nadie interesante, y tampoco te ha ido bien en los campamentos cristianos para solteros.
    • Puede que, en un momento vulnerable, hayas bajado la guardia; te has apartado de Dios y te sientes más cómoda con tu novio no creyente que con «la gente de la iglesia».
    • Puede que no des importancia a «salir», porque, al fin y al cabo, casarse es lo que cuenta.
    • O tal vez te acabas de convertir, y estás compartiendo tu fe con el novio con el que has salido por bastantes años.
    Sea como sea, el amor de tu vida no es cristiano.
    Luchas en el noviazgo mixto

    Aún así, quizá te sientes bastante cómoda en tu relación. Hay muchos pretextos con los que autoengañarse: como Eva, «Lo dejaré si no se convierte». Y así, cientos más:
    • «Se convertirá. Tengo fe.»
    • «Sería una desgraciada si lo soltara, y él también. Dios no querría eso.»
    • «Sería un mal testimonio que rompiera con él.»
    • «Las cosas cambiarán más adelante.»
    • «A él no le molesta que yo vaya a la iglesia.»
    • «Mi relación con el Señor es algo personal. No tiene por qué compartirlo.»
    • «A mi edad, no quedan solteros creyentes. El Señor lo entiende.»
    • «Mi novio es mejor persona que los cristianos que he conocido.»
    • «No ha nacido de nuevo, pero cree en Dios.»
    Desde el momento en que Eva empezó a salir con Adrián surgieron luchas interiores. Su promesa a Dios siempre amenazaba su felicidad (ver Intro). Más adelante, también intentaría agarrarse a excusas como «Era tan pequeña cuando dije eso...yo no sabía cuánto nos querríamos», pero había un rincón de su corazón que siempre estaba triste, insaciado.

    Cuando se dio cuenta de lo difícil que sería dejar a Adrián si no se convertía, empezó a orar «mañana, tarde, noche, a todas horas» para que se convirtiera: «¿No dice el Señor que si pedimos creyendo, Él nos dará? Yo creía. Necesitaba creerlo». Pero Eva dice que Dios nunca dejaba de retarle con su propia promesa: que dejaría a Adrián si no se convertía. Y así, las luchas consigo misma, con su testimonio, con su coherencia y con el Señor se intensificaron.

    Sigue en el siguiente post....
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