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Testimonio: el dia que el Templo se lleno

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  • hectorjavier
    respondió
    bendiciones para ti

    hey,agradezco tu experiencia,desafortunadamente muchos necesitan lecciones de dolor para acercarse a Dios.
    un abrazo para ti desde colombia,gracias por tus aportes al foro.

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  • Testimonio: el dia que el Templo se lleno



    Ciudad de Mexico Distrito Federal

    El templo adventista de Narvarte se encuentra en una zona residencial que solía ser de posición económica media alta. Sus calles son amplias, el tránsito sigue siendo más tranquilo que en muchos otros barrios céntricos, hay muchas casas grandes y aún hay muchos edificios de escalaras inmensas, departamentos extensos de techos altos y grandes ventanales.
    La iglesia llegó ahí en los 50, cuando las campañas evangelísticas duraban meses y no se hablaba abiertamente de protestantismo. Por eso el interior está diseñado como un auditorio y tiene butacas, no bancas.
    Cuando los vecinos se dieron cuenta de que una congregación protestante se había asentado en su medio, fue tarde. Y aunque a lo largo de los años los hermanos han procurado no entrometerse con ellos, los vecinos han mantenido una actitud fría y en algunas épocas agresiva.
    Por eso año tras año resultaba un fracaso repartir en esas casas invitaciones para conferencias y otros eventos. La gente simplemente no iba o hasta se molestaban porque uno les llevara un folleto.

    El 19 de septiembre de 1985 se nos murieron de repente 10 mil gentes o más, y también se nos murió el sentimiento de seguridad. Para la mayoría en la ciudad de México, el caos que siguió al terremoto duró semanas, para otros meses y años. Uno de los sectores más afectados fueron colonias vecinas a Narvarte, así que la destrucción ocurrió prácticamente alrededor nuestro. Para hacer más difícil el trago amargo, precisamente cuando más se necesitaron resultaron gravemente dañados varios importantes hospitales, que no sólo eran los más grandes de la zona, sino de la ciudad o incluso del país: el Hospital General, el antecesor del Hospital Siglo XXI y el Hospital Juárez.
    Pero uno nunca está preparado para estas cosas. Ni siquiera lo estábamos para asombrarnos de que esa noche y la siguiente, se celebrara un culto en la iglesia de Narvarte, con una gran cantidad de asistentes, entre ellos muchos de los vecinos del templo. Al menos era un motivo de ánimo saber que algo había logrado acercarlos a la iglesia adventista.

    Vi muchas cosas. Trabajé semanas en las ruinas de un edificio de la colonia Roma y en el Hopital General, en medio de un constante olor a muerte. Murieron personas conocidas. Y muchas cosas cambiaron (a partir de esa fecha abandoné la escuela de Medicina de la UNAM), pero qué refrescante saber que la iglesia estuvo abierta, sin resentimiento, para quien lo necesitó en esos días.
    Eso me recuerda lo que me dijo alguna vez un pastor, acerca de mantener nuestra fe a toda costa. A veces nuestra fidelidad puede llevarnos a chocar con nuestra familia; nunca debemos dar pretexto para ello, pero si hay un conflicto no debemos ser quienes lo comencemos ni quienes rompan la relación, porque un día se presentará la oportunidad de reconciliarse y entonces podremos mantener la puerta abierta sin avergonzarnos y alegrarnos al recibir de vuelta a los demás.
Trabajando...
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